Observad
el sol, meditad sobre el sol siendo conscientes de que, desde hace millones de
años, ilumina y calienta la tierra así como a las criaturas que la habitan. Y
lo hace sin inquietarse por saber quien se regocija de sus rayos y los recibe
con reconocimiento, y quién continúa durmiendo en las cuevas. No se enfada ni
se enfurece por el hecho de que los seres humanos no hayan ni siquiera tomado
conciencia de que le deben la vida, continúa brillando y dándoles sus
bendiciones.
Como
el sol, existen seres que envían su luz y su amor a través del espacio, y ellos
tampoco se preocupan por saber si las criaturas se benefician o no. Se sienten
felices, colmados, toda su alegría está en distribuir sus riquezas en el
universo entero. Han comprendido que la felicidad más grande es la que el sol
está sintiendo y viviendo: brillar, iluminar y calentar.
Omraam
Mikhäel Aïvanhov, “Pensamientos
cotidianos”
