Te traigo el Ojo de Horus, para que tu corazón pueda alegrarse ...

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domingo, 18 de diciembre de 2011

EL PRINCIPITO. CAPÍTULO XXVII. FIN


CAPÍTULO XXVII
Y ahora, por cierto, ya pasaron seis años... Nunca he contado esta historia todavía. Los camaradas que me volvieron a ver se pusieron muy contentos de encontrarme vivo. Yo estaba triste pero les decía: es el cansancio...
Ahora me he consolado un poco. Es decir... no totalmente. Pero sé que él regresó a su planeta, porque cuando salió el sol no encontré su cuerpo. No era un cuerpo tan pesado... Y me gusta por la noche escuchar a las estrellas. Son como quinientos millones de cascabeles...
Pero he aquí que sucede algo extraordinario. Al bozal que le dibujé al principito, me olvidé de agregarle la correa de cuero ! Nunca habrá podido colocárselo al cordero. Entonces me pregunto: "Qué es lo que sucedió en su planeta ? Posiblemente el cordero se haya comido la flor..."
A veces me digo: "Seguramente que no ! El principito guarda su flor todas las noches bajo su globo de vidrio y vigila bien a su cordero..." Entonces me pongo contento. Y todas las estrellas ríen en voz baja.
Otras veces me digo: "Uno puede distraerse en cualquier momento, y con eso basta ! Se olvidó alguna vez el globo de vidrio, o bien el cordero salió sin hacer ruido durante la noche..." Entonces los cascabeles se convierten todos en lágrimas !...
Ése es un gran misterio. Tanto para ustedes que aman también al principito como para mí, nada en el universo es parecido si en alguna parte, no se sabe dónde, un cordero que no conocemos ha comido o no una rosa...
Miren el cielo. Pregúntense: el cordero se comió o no a la flor ? Y verán como cambia todo...
Y ningún adulto comprenderá jamás la importancia que esto tiene !
 
 

Éste es para mí el más bello y el más triste paisaje del mundo. Es el mismo paisaje de la página anterior, pero lo dibujé una vez más para mostrárselos bien. Es acá que el principito apareció en la tierra, y luego desapareció.
Miren con atención este paisaje para estar seguros de reconocerlo, si viajan algún día por el desierto de África. Y si llegan a pasar por allí, les suplico que no se apuren y que esperen un poco, justo bajo la estrella ! Si entonces se les aproxima un niño, si ríe, si tiene cabellos dorados, si no responde cuando se lo interroga, podrán adivinar de quién se trata. Entonces, sean amables ! No me dejen tan triste: escríbanme pronto que ha regresado...