Te traigo el Ojo de Horus, para que tu corazón pueda alegrarse ...

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domingo, 18 de diciembre de 2011

EL PRINCIPITO. CAPÍTULO XXII


CAPÍTULO XXII
- Buenos días – dijo el principito.
- Buenos días – dijo el guardagujas.
- Qué haces aquí ? – preguntó el principito.
- Distribuyo los pasajeros, por paquetes de mil – dijo el guardagujas. - Despacho los trenes que los transportan, unas veces hacia la derecha, otras veces hacia la izquierda.
Y un rápido iluminado, rugiendo como el trueno, hizo temblar la cabina de cambio de agujas.
- Están bien apurados – dijo el principito. – Qué buscan ?
- El mismo hombre de la locomotora lo ignora – dijo el guardagujas.
Y rugió, en sentido inverso, un segundo rápido iluminado.
- Ya vuelven? – preguntó el principito...
- No son los mismos – dijo el guardagujas. – Es otro convoy.
- No se sentían bien, ahí donde estaban ?
- Uno nunca se siente bien en el lugar donde está – dijo el guardagujas.
Y rugió el trueno de un tercer rápido iluminado.
- Persiguen a los primeros viajeros ? – preguntó el principito.
- No persiguen nada de nada – dijo el guardagujas. – Duermen allí adentro, o bien bostezan. Sólo los niños aplastan sus narices contra los cristales.
- Sólo los niños saben lo que buscan – dijo el principito. – Pierden tiempo en una muñeca de trapo, y ella se vuelve muy importante, y si alguien se las saca lloran...
- Tienen suerte – dijo el guardagujas.