Te traigo el Ojo de Horus, para que tu corazón pueda alegrarse ...

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lunes, 13 de diciembre de 2010

DELIRIO

No sé que tomar. ¿Otro café? No dormiré esta noche, llevo tres y son las cinco de la tarde. Estoy agusto en la barra pero mejor me siento. No creo que venga ya. Y ¿que le digo si viene?. ¿Te estaba esperando?
No sé que hago aquí. Ningún dato objetivo indica que esté interesado en mi y yo veo señales por todas partes.
-Después de comer te veo en el bar, le dijo a Lucía. En realidad se dirigía a mi. Me comía con los ojos pero se fue con Lucía sin despedirse. Le daría corte, sé que es mi a quien quiere. Esa chica no es para él.
No sé porque no me llama, habrá perdido mi teléfono y por el msn tampoco me dice nada, seguro que lo tiene estropeado. Esto que yo siento no puede ser mio sólo, él me quiere y lo sé.
Dios ya está aquí, no me saluda, va hacia la barra. Lucía está con él, la besa en los labios. Me muero de dolor. ¡Que no me vean!. Qué mal. He salido del bar con el alma rota. Rios de sal lavan mis mejillas mientras recorro enmimismada las aceras humedas de mi ciudad. Me posee su energía y ni siquiera sabe que existo, siento un prufundo dolor una frustración infinita.
Mari.