Te traigo el Ojo de Horus, para que tu corazón pueda alegrarse ...

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martes, 13 de julio de 2010

PENOSO INTENTO DE ESCRIBIR UN CUENTO


Penoso intento de escribir un cuento
Empiezo a escribir con la sensación de que sé lo que quiero plasmar en el papel. Pero me encuentro en un lugar vació, tierra de nadie, donde se apoderan de mis pensamientos delirios u otros pensamiento que siendo inútiles, hacen que mi estómago vibre y encuentro más placer en el pensamiento absurdo de un amor romántico, con protagonista y todo, que en el placer mismo de escribir.

Y así se desvanecen mis fantasías, se pierden mis cuentos, se difuminan mis poesías.

Cuando él aparezca todo cambiará y entonces. ya podré escribir tranquilamente la novela que espera entre las curvas de mi cerebro, o el poema que a veces parece llegar hasta mi frente, que puedo ver incluso entre mis ojos pero que se pierde para siempre. Cuando él llegue a mi vida podré ser yo y hacer lo que me gusta, lo que quiero hacer. Y entre esto y lo otro termino por no hacer nada. Me pregunto si será que en el fondo de mi misma ni siquiera quiero escribir, o que si quiero hacerlo es para que él me admire cuando aparezca. Pero sé que cuando lo haga yo no querré escribir, solo querré estar con él, que mis pensamientos se llenen de él, mi corazón se llene de él, toda mi vida él.

Y así he superado el ecuador de mi vida, esperando y esperando, y él no llega y yo no escribo, y a veces ni como ni duermo, imaginando que él es tal o cual persona con nombre y apellidos. Sí, he leído mucho sobre el tema, sobre la inmadurez emocional, sobre los adictos al sexo y al amor romántico, sobre las relaciones kármicas. Y encuentro consuelo momentáneo, fugaz, un cierto respiro. Eso es lo que me pasa, me digo. Soy adicta a determinados pensamientos, mi mente se engancha a todo lo que tiene que ver con el romanticismo, transforma una mirada ingenua o curiosa en una cadena de señales que me llevan a creer que es él y otra vez vuelvo al delirio. Si bien no es un delirio como el formalmente tipificado en el DSM, se aproxima mucho. Si no caigo en la persecución es gracias al control que ejerzo sobre mi misma, pero invento mil escusas en mi mente que me lleven a marcar su número de teléfono. En muy raras ocasiones lo he hecho pero reconozco haber marcado y haberme sentido tan desastrosamente culpable que he llegado a enfermar. Siempre aparecen los inconquistables, los que no sé porque, parecen huir de mi. Y yo me voy aferrando mas al pensamiento de que es él y lo lleno de una emoción irracional y parece que mi vida gira en torno al momento en el que lo vuelva a ver y se acerque a mí y su mano roce la mía. Cosa que no ocurrirá porque generalmente tienen otra relación y si ocurriera la intensidad del deseo desaparecería.
Quiero escribir, mas mi mente parece no obedecer. Estoy ideando un plan para llamarle. No pasa nada si lo hago, nos conocemos, puedo interesarme por él en un nivel más amistoso, pero en el fondo subyace un extraño deseo de ser reconocida, de que se fije en mí de otra manera, que me desee. ¡Uf!es horroroso vivir así, esto no sé qué nombre tiene, y siempre soñar con ser yo la elegida.

Soy una mujer madura, he luchado por la vida, he trabajado, he superado obstáculos muy difíciles para la supervivencia, pero estas absurdas aventuras románticas, inexistentes en la realidad, solo producto de la imaginación más fértil bloqueada, terminan con mi paz.
Reconozco mi derrota, me declaro impotente para mantener relaciones sanas, en principio con hombres potencialmente candidatos a mi cama, pero imagino que esta impotencia puede hacerse extensible a todo tipo de relaciones, de manera que encuentro que dispongo de muy poca capacidad para intimar con nadie. Conozco gente, mucha gente , hablo mucho de mí, no me cuesta reconocer mis cosas, pero verdaderas amistades tengo pocas, no permito la mas mínima intromisión en mis asuntos y me molestan los comentarios que no sean para elevarme o admirarme.
He querido dejar aquí estos pensamientos y desembarazarme de ellos, para comenzar a escribir un cuento, pero el tiempo se me ha echado encima y tengo que preparar la comida. Por la tarde volveré con la misma intención, y él volverá de nuevo a mí, y llegará la hora de la cena. No sé si será mejor llamarle. Nooo.