Te traigo el Ojo de Horus, para que tu corazón pueda alegrarse ...

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viernes, 11 de junio de 2010

EL PROFETA



Y un viejo Sacerdote dijo: "Háblanos de Religión".
Y él respondió:
¿Es que he hablado hoy de otra cosa? ¿No son religión acaso todas las acciones y todas las reflexiones?
¿Y aquello que no es acción ni reflexión, sino un asombro y una sorpresa brotando constantemente en el alma, hasta cuando las manos tallan la piedra o atienden el telar?
¿Quién puede separar su fe de sus acciones y su credo de sus ocupaciones?
¿Quién puede extender sus horas delante de él y decir: Esta para Dios y esta para mí. Esta para mi alma y esta para mi cuerpo?"
Todas vuestras horas son alas que baten de un ego a otro ego a través del espacio.
Aquel que no usa su moralidad sino como si fuera su mejor ropaje, estaría mejor desnudo. El viento y el sol no abrirán agujeros en su piel.
Y aquel que define su conducta por la ética aprisiona en una jaula a su propio pajaro cantor. La más libre de las canciones no viene a través de barrotes y alambres. Y aquel para quien el culto religioso es una ventana para abrir, pero también para cerrar, no ha visitado todavía la casa de su alma cuyas ventanas se abren de aurora en aurora.
Vuestra vida diaria es vuestro templo, y vuestro templo vuestra religión. Cada vez que entráis en el lleváis con vosotros a todo vuestro ser. Lleváis el arado y la fragua, y el machete y el laúd. Los objetos que habéis modelado por necesidad o por deleite. Porque en vuestros sueños no podéis elevaros por encima de vuestros logros ni caer mas bajo que vuestros fracasos.
Y llevad con vosotros a todos los hombres: porque en la adoración no podéis volar mas alto que sus esperanzas, ni humillaros mas bajo que su desaparición.
Y si queréis conocer a Dios, no seáis por lo tanto, resolvedores de enigmas.
Mirad más bien en torno vuestro y lo veréis jugando con vuestros niños.
Y escudriñad el espacio: Lo veréis caminado en la noche, extendiendo Sus brazos en el relámpago y descendiendo en la lluvia.
Lo vereis sonriendo en flores y luego levantando y agitando Sus manos en arboles.