Te traigo el Ojo de Horus, para que tu corazón pueda alegrarse ...

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jueves, 3 de junio de 2010

¡¡ALEGRATE!!

¡ALÉGRATE!
Desde este mismo momento, inténtalo: in­tenta ser feliz y estar lleno de dicha.
Te formularé una de las leyes más profundas de la vida.
Tal vez no hayas pensado nunca en ello.
Sabes (todo el aparato científico depende de esto) que todo se basa en la relación de cau­sa-efecto.
Generas la causa y a ésta la sigue el efecto.
La vida es un nexo causal.
Plantas la se­milla en el suelo y brota.
Si la causa esta allí, la sigue el efecto.
El fuego está allí: pones la ma­no en él y te quemas.
La causa está allí, y la si­gue el efecto.
Tomas veneno y mueres.
Tú dis­pones la causa y luego viene el efecto.
Ésta es una de las leyes científicas más elementales: que la relación causa-efecto constituye el nexo más íntimo de todos los procesos de la vida.
La religión conoce una segunda ley que es aún más profunda que ésta.
Pero esta segunda ley, más profunda que la primera, te parecerá absurda si no la conoces y no la experimentas. La religión dice: produce el efecto, y viene la causa. Esto es absolutamente absurdo en térmi­nos científicos. La ciencia dice: si la causa está allí, viene el efecto. La religión dice que lo con­trario también es cierto: generas el efecto y mi­ra, a éste lo sigue la causa.
Hay una situación en la que te sientes feliz. Ha llegado un amigo, ha llamado un ser queri­do. Una situación es la causa: te sientes feliz. La felicidad es el efecto, siendo la causa la llegada del ser querido.
La religión dice: alégrate y el ser querido vendrá. Genera el efec­to y se producirá la causa. Y, según mi experiencia perso­nal, la segunda ley es más fundamental que la primera. Lo estuve haciendo y sucedió así.
Sólo alégrate, y el ser querido aparecerá. Sólo alé­grate, y tus amigos estarán allí. Sólo alégrate, y to­do sucederá.
Osho- El Dios de Todos